Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera ****


TÍTULO ORIGINAL Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom
AÑO
2003
DURACIÓN
103 min.   Trailers/Vídeos
PAÍS
  Sección visual
DIRECTOR Kim Ki-duk
GUIÓN Kim Ki-duk
MÚSICA Park Ji-woong
FOTOGRAFÍA Baek Dong-hyeon
REPARTO Oh Yeong-su, Kim Ki-duk, Kim Jung-yeong, Seo Jae-gyeong, Kim Yeong-min, Ha Yeo-jin, Ji Dae-han
PRODUCTORA Coproducción Corea del Sur-Alemania
PREMIOS 2003: San Sebastián: Premio del Público
GÉNERO Drama
SINOPSIS Dos monjes viven en un monasterio aislado. Bajo la atenta mirada del más viejo, el más joven ve pasar las estaciones de la vida. Primavera: un niño monje se ríe de una rana que intenta librarse de una piedra que tiene en la espalda, pero deja de reírse cuando el monje mayor le hace lo mismo como castigo. Verano: un monje adolescente conoce el amor cuando llega al monasterio una muchacha enferma que necesita reposo. Otoño: un monje de treinta años intenta suicidarse ante una estatua de Buda. Invierno: cuando el monje está próximo a la vejez, llega al monasterio una mujer embarazada. Primavera: el viejo monje conversa con la naturaleza; cerca de él juega un niño monje. (FILMAFFINITY)
CRÍTICAS —————————————-
“Un precioso cuento tan sencillo como la vida misma” (Nuria Vidal: Fotogramas)
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“Una bella y fascinante metáfora sobre el aprendizaje vital” (Beatrice Sartori: Diario El Mundo)
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“imágenes de restallante, reposada belleza, (…) Ahí radica el principal problema de un filme tan hermoso como frío, tan magistralmente narrado como en el fondo previsible: en la obviedad de sus propuestas, que quedan de manifiesto casi antes de ser mostradas. A la postre, lo que se pretende un hondo ejercicio de espiritualidad deviene en catálogo de budismo para principiantes, en una pedagogía divulgativa que se parece mucho a la que intentó Bernardo Bertolucci en la más desafortunada de sus películas, ‘El pequeño Buda’. Podrá satisfacer las expectativas de muchos lectores de libros de autoayuda y llenará el ojo (a la postre, lo que quedará para siempre en la retina es su impresionante belleza) a mucho espectador agradecido de ver en pantalla cambiantes paisajes. Pero se aconseja abstención a agnósticos, ateos y cinéfilos de los que son capaces de no confundir lo elemental con el cine de otros notables antecesores espirituales del gran cine oriental del pasado, con Yasujiro Ozu a la cabeza.” (M. Torreiro: Diario El País)
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“Bella moralina oriental (…) Filme vocacionalmente didáctico, con perfección formal y cuyas imágenes de la naturaleza resultan exquisitas” (Alberto Bermejo: Diario El Mundo)
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